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Día 23 (22-11-2002) A las 23:45
del día 21 de noviembre hora de Santa Lucia (3:45 GMT) una vez amarrado el
barco al muelle de Rodney Bay Marina, nuestros pies tocaban tierra por
primera vez en más de 20 días. Al doblar Pidgeon Island, en el extremo norte de la isla, para entrar en Rodney Bay, nuestro destino final, la decena de luces explotó en una miriada de puntos luminosos. Acostumbrados a la soledad del océano, tanta luz nos asustó un poco, nos temíamos haber entrado en un Benidorm caribeño. Por la mañana, con la luz del día hemos comprobado nuestro error, Rodney Bay es un encantador enclave con casas de madera pintadas de azul, blanco y verde, vegetación exuberante, y una gente acostumbrada a sonreír, que amablemente te invita a tomarte la vida con calma y alegría. Llevamos sólo unas horas aquí y ya nos encontramos como en casa. Nuestras piernas se han vuelto a acostumbrar a la tierra firme. Al principio nos sentíamos como si estuviéramos borrachos, la línea recta era un camino imposible entre dos puntos. Cuando nos quedábamos de pie tendíamos a mantener las piernas separadas y agarrarnos a algo. Cerrar los ojos al ducharse era toda una experiencia. Pasadas unas horas la tierra ha vuelto a estabilizarse y nosotros a sentirnos como en casa sobre ella. En unos días, una vez devolvamos el barco y completemos todos los trámites, volveremos a Madrid. No puede evitar una cierta aprehensión cuando pensamos en ese memento, pero esperamos que la vuelta a lo cotidiano no sea demasiado dura. En cualquier caso será más fácil gracias a todos los buenos amigos que nos esperan en España. Una de las mejores experiencias de esta travesía ha sido ver el cariño con el que nuestras familias, nuestros amigos y nuestros compañeros de trabajo han seguido nuestro viaje. La Web y el cuaderno de bitácora comenzaron como una forma de mantener a nuestras esposas e hijos al tanto de lo que hacíamos, sin embargo, cuando vimos el número de personas que se conectaban y, sobre todo, cuando primero Elena y Luego Jana, nos resumían los mensajes recibidos cambió su significación. Nos sorprendió gratamente el interés generado y la ilusión que sentíamos al saber lo que pensaban nuestros amigos (a pesar de que, en principio, habíamos decidido aislarlos lo más posible). Redactar el informe cotidiano pasó a ser una parte importante de cada día y recibir los mensajes un momento mágico que nos llenaba de alegría. Desde aquí, en este último día del cuaderno de bitácora, queremos agradecer a todos los que han conectado con la Web y a los muchos amigos que nos han enviado mensajes, su atención y cariño. Si no hemos contestado no ha sido por falta de ganas, sino porque desde el barco no era posible hacerlo. Queremos
enviar un agradecimiento especial a Elena y a Jana que recibieron y
transcribieron los mensajes cotidianos, a veces con muy mala línea y siempre
con un gran esfuerzo, y a Arturo Parrón y su equipo en “K&P Conectividad
Informática” que ha hecho posible que es esto funcione y que funcione tan
bien. |
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