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Dia 10/23 | |
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Día 10 (9-11-2002)
El anochecer
del viernes 8 fue muy distinto al de los demás días. Después del susto del
gennaker, esperábamos un anochecer encendido que tiñera de rojo la densa
masa de nubes que cubría el cielo. La realidad fue muy distinta, conforme
descendía el sol, el horizonte fue vistiendo las nubes de hilos dorados
hasta que nuestro Oeste parecía un vestido de hilo dorado y los espacios
entre las nubes brillaban y se agitaban como la luz de una vela. Al amanecer, unos delfines vinieron a felicitar a Mario el día de su cumpleaños. Dieron unas vueltas alrededor del barco, compitieron a correr con la proa durante un rato y se despidieron mostrando su aleta dorsal en un par de saltos. Mario convirtió su cumpleaños en una fiesta para toda la tripulación. Comenzó, como todas las fiestas de cumpleaños, cantando todos un "cumpleaños feliz" y dándole regalos. Su primera sorpresa fue el regalo de su mujer, Miriam, y las cartas de felicitación escritas por sus hijos y su madre desde Argentina. La segunda fue el regalo de los restantes miembros de la tripulación: una sencilla imagen de un capitán esculpida en madera en la que tallamos el motto de Mario: "somos un equipo". Mario eligió como frase del día los versos de Machado: "caminante no hay camino, se hace camino al andar, caminante no hay camino, sino estelas en la mar" y la colocó en la pared donde ponemos las frases que elige el jefe del día para animarnos.
La fiesta
continuó con un pantagruélico desayuno cocinado por Mario que hizo que
perdiéramos el apetito por un buen tiempo y se prolongó durante todo el día
con el buen hacer y la actitud servicial del propio Mario. A pesar del viento y las olas, decidimos completar el arreglo del gennaker. El viento había soltado el mosquetón que lo sostiene en la parte más alta del palo. Había que subir hasta el tope del palo, a más de 15 metros de altura, mientras se balanceaba, con ángulos que podían ser superiores a los 30 grados a cada banda, la línea de crujía.
Todo fue bien hasta la primera cruceta. Tras cambiar la cincha de sujeción, Miguel empezó a subirse encima de la cruceta, pero al hacerlo, se quedó encajado con la pierna agarrada entre el palo, el obenque bajo de estribor y la cruceta. Volvimos a bajarlo para que pudiera soltarse. A partir de ahí, la ascensión no tuvo nuevos incidentes. Al llegar al tope de palo y coger la driza del gennaker, el barco se balanceó bajo la influencia de tres olas muy grandes. Nadie envidiaba a Miguel, agarrado como podía al extremo del palo y balanceándose a 15 metros de altura con un ángulo de casi 60 grados de lado a lado y sobre olas de casi tres metros. Cuando el barco se estabilizó, bajamos rápidamente a Miguel a cubierta sin mayor dificultad. La driza estaba en perfecto estado, creemos que bastará con cambiar el mosquetón para volver a usar el gennaker sin problemas. El resto del día transcurrió con tranquilidad. Como había bastante viento no fue necesario aumentar el trapo, navegando a buena velocidad con la génova. |
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