Dia 14/23

 

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Día 14 (13-11-2002)

El atardecer del día 12 transcurrió por el mismo cauce que el resto del día. El viento siguió soplando con bastante intensidad del Este y el cielo estaba despejado. Antes de cenar empezamos la 1ª fase de la reparación del tangón pegando con pasta nural la pieza que se rompió y fijándola con unas presillas y una cincha. Cuando pasen 12 horas comprobaremos su estado y si necesitamos usarla la reforzaremos con unas cinchas y un cabo.

La noche transcurrió como la anterior. La luna brillaba en lo alto de la esfera celeste con gran intensidad y el viento era moderado (16 a 18 nudos) y constante. Por ello manteníamos izado el gennaker. Hacia las 24:00 horas comenzó a entrar un tren de olas por el ESE manteniéndose el oleaje que provocaba el viento del E. Las olas del ESE eran altas y hacían escorar el barco, generando en éste una tendencia a orzar, esto es, a salirse de rumbo dirigiendo la proa hacia el viento. Al orzar, el viento aparente sobre la vela es mayor y si la escora es muy grande y la vela se llena de agua existe el riesgo de que pueda romperse. Decidimos tener cuidado y aprovechando la luz de la luna arriar el gennaker que aumentaba la intensidad del viento por encima de 23 nudos. Durante la guardia de Miguel, las olas ESE hicieron orzar el barco un par de veces pero Miguel recuperó el rumbo sin problema. Aproximadamente a la 1:30 horas llegaron 2 o 3 olas de más de 3 metros por la aleta de babor, desequilibrando por completo el balanceo del barco. La proa se desvió rápidamente hacia el viento y el barco escoró más de 40º, de forma que el gennaker se llenó de agua. Miguel intentó recuperar el rumbo pero el barco no respondió. Antes de que pudiéramos largar la escota del gennaker éste se desgarró por el paño de escote, recuperando bruscamente el barco la verticalidad y quedando completamente a merced de las olas y el viento.

Al toque de silbato salió toda la tripulación. Mientras los demás ponían en marcha el motor y trataban de controlar el barco, Chevis salió disparado a recuperar la parte del gennaker desgarrada que flotaba en el agua para evitar que pudiera enrollarse con la hélice, ya que si llegaba a engancharse sería necesario tirarse al agua con la botella de inmersión para liberarla.

Miguel y Luis fueron a proa atados a la línea de vida por sus arneses, para intentar arriar el gennaker mientras Mario manejaba la driza. El viento había arreciado y el movimiento del barco era muy brusco, lo que hizo imposible recoger la vela hasta que Chevis puso el motor a máxima potencia lanzando el barco en la dirección del viento. Con ello logró disminuir la fuerza del viento sobre el gennaker y Miguel, Mario y Luis pudieron recogerlo y bajarlo al camarote de proa por la escotilla.

Pasado el susto, ordenamos el barco, izamos la génova y recuperamos nuestro ritmo usual comentando la maniobra. No podemos volver a usar el gennaker en el resto de la travesía pero con la génova navegaremos perfectamente.

La aventura nocturna terminó y volvió, de nuevo, el ánimo alegre y optimista cantando a coro “CUMPLEAÑOS FELIZ” por el cumpleaños de Luis que comenzó de madrugada en un día que prometía ser intenso.
Por la mañana el tiempo ha sido espléndido. El sol brillaba con toda intensidad y se recibían con placer las pequeñas nubes blancas que momentáneamente nos refrescaban con su sombra.

Hasta mediodía han coexistido los dos grupos de olas, las del E y las del ESE, por lo que nos sentimos como hielos en una coctelera pero afortunadamente ya estamos acostumbrados y nuestro cuerpo se ajusta automáticamente al movimiento del velero. Hemos celebrado el cumpleaños de Luis con un buen desayuno, canciones, bromas y aperitivos. Luis se emocionó leyendo las cartas que su esposa y sus hijas le habían escrito y al recibir su “talla de capitán” que le ayudará a recordar este día en sí mismo inolvidable. El resto del día ha transcurrido tranquilamente tumbados al sol, dando a Mario la oportunidad de arreglar las barbas de la tripulación en su recién abierta barbería y aprovechando para recuperar el sueño que nos hizo perder la aventura nocturna. El barco navega perfectamente con la génova, y el mar, agitado y en constante movimiento, tiene una belleza agreste que parece hipnotizarnos con su fuerza. Ninguno de nosotros quisiera estar hoy en otro sitio.

 

   

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