Jose Luis Angoso

 

Alfonso Callejo
Miguel Rojo
Jose Luis Angoso
Luis Briones
Mario Kogan

 

 

Jose Luis Angoso (Txevis)

 

Nazco en Agosto del 57 en la sugerente Avda del Mediterráneo de Madrid y muy pronto cambio de “mares” para dirigir mis veranos de sol y mar hacia ese Cantábrico de San Sebastián, tierra de mi familia paterna.

 

Allí, entre cangrejos de marea baja y olas de Ondarreta, historias de ballenas y museo marítimo, empiezo a heredar mi amor al mar de mi padre José Luis (Josetxu, marino mercante) y de mi tío Marcelo (Marino militar)

 

Pronto, entre esas cortas navegaciones con mis padres (Lola y Josetxu) en bote de remos desde el puerto pesquero a Isla Santa Clara, recibo sin clara explicación sintáctica el apodo de Txevis (Chevis) que ya me acompañará para siempre, espero, en mi entorno familiar y de amigos.

 

 

Veranos felices de infancia llenos de sol y salitre, afiladas piruletas  y patatas fritas en la arena, monte Igueldo y su divertido funicular, cucuruchos de quisquillas frente a los pesqueros del puerto, enredados misteriosamente entre sus amarras.

 

Tras un fugaz paso veraniego por las aguas cantábricas de Laredo y Santoña, con su marisqueo de ria en marea baja, mi familia orienta sus veranos a tierras de Ávila, donde tuve la maravillosa casualidad, o causalidad (¿?, Luis),  de conocer a mi  compañera de vida, Cachús, nombre de también difícil explicación sintáctica.

 

Tiempos más terrestres en los que comparto periodos de tierra y mar junto a mis grandes primeros amigos de juventud y mi temprana novia Cachús. Todos juntos damos nuestros primeros pasos de buceo y de modesta pesca submarina de costa. 

Mientras, mis años de colegio en total sintonía con mi querido amigo Gabriel siguen dirigiendo pausadamente nuestros pasos hacia el mar y la música, la otra gran afición compartida.

 

Con mi vocación ya orientada y dirigida hacia la biología marina junto con mi compañero Gabriel, un casual (causal, Luis ¿??) encuentro dos meses antes de entrar en la universidad me hace reorientar mi rumbo hacia la ingeniería naval.

 

Primeros años universitarios repletos de ciencia teórica y esfuerzos en los que la incertidumbre por superarlos no me impedían continuar seducido por el mar y sus barcos, ansioso de, cuanto antes, poder desentrañar técnicamente sus misterios.                .

 

Comienzo a navegar, a vela, a los 19 años en los veleros Geisha y Puma 24 de nuestro amigo Alberto con el que compartimos durante años el intenso frío y el duro calor del pantano de Entrepeñas.

Y el viento y el agua, aunque en principio dulce, nos sigue cautivando ...

 

 

 

 

 

Casi simultáneamente, coincido en navales con Iñigo Echenique quedando inmediatamente impactado tanto por su desbordante amor al mar y a los barcos como por su intensa e ilusionante forma de compartir la vida y la amistad.

 

No por casualidad, todo esto inmediatamente cristaliza en un estable grupo de amigos que comparte no solo noches de estudio, aprobados y suspensos sino, por fin,  también navegaciones a vela por aguas mediterráneas.   

 

Primeras travesías a Baleares en las que me empapo sin fin de la experiencia y enseñanzas marinas de Iñigo, curtido desde niño en aguas gallegas, que junto al resto de queridos compañeros de estudios nos hacen navegar repetidamente a Ibiza, Mallorca y Menorca en modestos veleros alquilados con presupuestos tan aprovechados como los mismos camarotes.

 

 

Aguas y vientos fríos de invierno junto a calmas cálidas de verano llenan casi todas nuestras numerosas escapadas de las aulas en las que constantemente descubrimos tanto nuevas y solitarias calas e islas como nuevos alicientes a la navegación a vela entre buenos amigos. 

 

 

 


 

 


 

 

 

Explosión de mar en la que se mezclan a mis 21 años lecturas impresionadas de Moitessier, Slocum, Tabarly, Villar, primeros títulos náuticos (patrón de vela, patrón de yate, buceador deportivo), planes de vida y de vuelta al mundo a vela junto a primeras inmersiones y a cientos de millas navegadas con mis diferentes grupos de amigos “ya enganchados”. Como no podía ser de otra forma, Cachús ya desde entonces, forma voluntariamente parte inseparable de todos esos  irrepetibles momentos.

“Yo me ahogo en lo total

lo oceánico me envuelve

necesito branquias para respirar” (Gabriel Celaya)

 

 


 

 

 

 


 

 

Discurren millas en travesías a Baleares, Cerdeña, Túnez y el atlántico gallego junto a los primeros esbozos de proyectos de veleros junto a mi socio Iñigo.

 


 


 

 


 

Con la cabeza todavía ágil, obtengo el título de capitán de yate que luego se verá complementado con el brillante de marinero de 2ª durante mi servicio militar.

 


 

 


 

 

Finalizado el paréntesis en la Armada, tras la muerte de mi padre, comienzo profesionalmente junto a Iñigo con proyectos de veleros, simultaneando las últimas asignaturas de carrera con una beca en una Sociedad de Clasificación de Buques.

 

 

 

 

 

 

A comienzos de los 80, nuestros primeros proyectos nos llevan al mundo del acero y de los envidiados vagabundos del mar: veleros de acero en serie Merlán 41´, Alitán 38´, 45´ y 51´ construidos en astilleros de Gijón junto a gratificantes colaboraciones en proyectos de incansables navegantes y amigos como los hermanos Escacena (Curro y Juanma).

 

 


 


 

 

 

 

Veleros para ilusionados no iniciados o curtidos navegantes, que completan muchas  millas en sus proas e incluso alguna vuelta al mundo alguno de ellos. (Maga Azul, Como Loco, Miriam, ...)

 

 

 

 

 

Les siguen proyectos Echenique-Angoso de veleros de poliéster en serie construidos en Bilbao y Cataluña como el Dina 23´ o el Brisa 38´y 40´ con numerosas unidades surcando todavía el mediterráneo y variados proyectos One-Off.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Llegan los niños y, entre proyecto y proyecto, las navegaciones se hacen más familiares y concurridas disfrutando en aguas menorquinas de las primeras millas de Maria y Javier junto a los hijos de mis amigos de universidad.

 

Y así sin casi darme cuenta, por si acaso fuera mejor de este modo, y con la goleta escuela de acero de 27 metros Tirant Blanc para la Generalitat Valenciana recién botada, salto casualmente en 1990 al mundo informático con un periodo de trabajo de seis meses en Inglaterra con Olivetti.

 

 

Desde allí sigo, no sin envidia, los pasos de Iñigo como Director Técnico del primer desafío español a la Copa de América así como de muchos de sus grandes proyectos de vela y de motor para relevantes personas del momento.

 

Con mantenida tendencia a “enganchar” a mis nuevos compañeros de trabajo no tardamos en vernos navegando juntos por Baleares gentes de Holanda, UK, Dinamarca y España bajo pabellón de Olivetti.

 

Nueva perspectiva esta de disfrute del mar ya solo como usuario, que no solo me permite seguir navegando igualmente ilusionado sino de seguir haciéndolo con mis amigos que además me mantienen en contacto con el sector.

 

Veranos compartidos por aguas ibicencas en el valiente Tritón, Dina 23´ de los Echenique, con los primeros biberones a bordo de Gabriela y los mareos de nuestro perro Roi mezclándose con los alborotos del resto de nuestros niños y niñas.

Veranos llenos de vida y disfrute en el que las dos familias (12 tripulantes-persona y 2 tripulantes-perro) nos hacíamos sitio en los “excelentes” 7 metros del velero con el apoyo de una casa de pescadores en tierra.

 


 

 

“Soy cielo y soy viento

soy barco y soy mar

que no soy yo siento

lo quiero ignorar” (Pessoa)

 

 

 


 

 

Cientos de nuevas millas navegadas en familia, entre los viejos amigos y nuevos “enganches”, bajo tapices de estrellas en cálidas noches de verano, espectaculares “rabos de nube” (tornados) sobre el mar y casi siempre abordados por los alegres saltos de nuestros, también amigos, delfines.

¿Quién necesita un rumbo ?

 

Y de repente en Mayo del 99 coincidiendo con mi nuevo salto profesional al mundo de las comunicaciones informáticas a través una obra de teatro de padres para hijos en el colegio, irrumpen en mi vida, en la nuestra, un nuevo y sorprendente grupo de amigos.

Amistad que, aunque arrancada de nuevo en la casualidad, fue rápidamente consolidándose en la coincidencia de multitud de factores e inquietudes y también, porque no decirlo, apoyada en su diversidad.

 

Como tampoco podía ser de otra forma, enseguida, en Septiembre del 99, realizamos nuestra primera travesía juntos por aguas ibicencas en el que para muchos era su primer contacto con el mar y la vela. La experiencia fue todo un éxito y seguramente, como tenía que ocurrir, durante las charlas y baños bajo las estrellas se estaba ya forjando no sólo el grupo sino la filosofía de vida muy apegada al mar que lo sustentaba y que más tarde bautizaríamos con el insinuante nombre de Colawhalers.

 

A partir de ese momento, y afortunadamente, todo ha sido un correr alocado y caótico (como ya decía Nietzsche, “hace falta algo de caos dentro de si para dar a luz una estrella fugaz”) que nos ha llevado a compartir continuos y felices momentos de tierra, ríos y mar  en los que sin duda todo el grupo Colawhaler, primera y segundas generaciones, nos hemos ido adaptando fácilmente para seguir encajando, inexplicablemente para muchos, en todos los proyectos multitudinarios que aún nos quedan por compartir.

 

Desde entonces y hasta ahora, nuevas y maravillosas millas por las Islas Vírgenes Británicas, St. Vincent y las Granadinas, Seychelles y Baleares en las que, con un buen ron en la izquierda y buen puro en la derecha,  hemos seguido todos soñando bajo las estrellas en nuevos mares y destinos, en proyectos que como este cruce atlántico 2002 CAC02 (Colawhaler Atlantic Crossing 02) constituyen solo el siguiente paso. Eso sí, un muy soñado y ansiado paso ...

“Dejemos que las aguas corran y las estrellas salgan” (Federico García Lorca)

 

A la vista de todo esto, no sería sorprendente pensar que las 13,000 millas navegadas a vela en mi corta vida se verán sin duda muy incrementadas, en esta o en sucesivas reencarnaciones, con navegaciones por la totalidad de los mares de este o cualquier otro planeta “azul” por descubrir. Y siempre, eso si, rodeado de mi maravillosa familia y de todos nuestros entrañables y muy queridos amigos.

 

Y retocando ligera y respetuosamente versos del gran navegante vasco Julio Villar,  sintetizar en ellos uno de mis pilares de vida:

 


 

“Mar, estrellas

Estrellas, mar

Mar y sol

Estrellas y familia

Amigos y mar y sol

Es mucho lo que tengo”

 

 

 


 

Chevis

 

PD: Creo que ya tengo “enganchados” a mis recientes (tres años ya) compañeros de trabajo en Cisco. Y hasta algunos de mis clientes ...

 

   

Alfonso Callejo | Miguel Rojo | Jose Luis Angoso | Luis Briones | Mario Kogan

Ultima actualización :  sábado, 06 noviembre 2004 22:18:58