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Colawhaler Atlantic Crossing ( CAC02 )

 

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Tomamos la decisión de cruzar el Atlántico en un velero casi sin darnos cuenta. La idea fue creciendo lentamente en nuestros cerebros durante las noches estrelladas del Caribe, en las navegadas nocturnas por el Mediterráneo, o  cuando nos sentábamos a hablar tras cualquier excursión (sin duda pegó un estirón la noche en que, poco antes del amanecer, aterrizó un paracaidista en un prado cercano a la terraza en la que charlábamos después de hacer rafting en un río de los Pirineos: su lento vuelo a la luz de la luna encendió nuestra imaginación y nos lanzó a nuevos retos).

 

No es fácil definir cuando la posibilidad de hacer este viaje dejó de ser un simple tema de conversación, un sueño probablemente irrealizable, para convertirse en un proyecto, una realidad palpable. Probablemente el detonante fue la frustrada compra del Manu. Hasta aquél momento la posibilidad de hacer el viaje la tomábamos casi en broma, nadie –ni siquiera nosotros mismos- pensaba seriamente que cinco profesionales, con jornadas laborales superiores a las diez horas diarias, casados y con hijos pudiéramos hacer un alto en nuestra vida profesional y familiar durante un mes para cruzar el Atlántico en un velero de 43 pies. Al salir de la subasta, mientras tomamos una cerveza en la terraza del Espejo, decidimos no lamentarnos por no haber podido comprar el barco, sino que cada uno de nosotros empezó a proponer ideas para hacer realidad el sueño.

 Y nos pusimos en marcha, hasta que el día 15 de octubre de 2001, Chevis envió un e-mail a los demás: “Chicos, tenemos barco CAC02”... A partir de entonces ya no hubo dudas, ni problemas, solamente asuntos a resolver: que resolvimos.

 Tampoco es fácil plasmar en palabras qué significa este viaje para cada uno de nosotros, qué esperamos de él, o qué nos ha llevado a plantearnos un cambio tan drástico en nuestra actividad cotidiana. Probablemente no lo descubramos hasta el final del viaje y es casi seguro que no será lo mismo para todos. No obstante hemos querido enumerar los vientos que creemos mueven las velas del CAC02:

 

1.       Hacer realidad un sueño: Un viaje como éste estaba en la imaginación de todos nosotros desde hace muchos años. Para Chevis era un sueño concreto y perfectamente definido casi desde su adolescencia: surcar los océanos en un velero era un deseo firmemente establecido desde antes de empezar a estudiar para Ingeniero Naval, cruzar el Atlántico desde las islas Canarias hasta el Caribe era la mejor forma de lograrlo. Pero para los demás un largo viaje en el que se combinen la soledad de los grandes espacios deshabitados, el riesgo de la aventura y el placer de la amistad era una ilusión constantemente imaginada y solo a medias por los restantes miembros de la tripulación cuando planificaban cada nuevo viaje. Por ello, la primera imagen que surge en nuestras cabezas al pensar en cruzar el Atlántico es la sensación de estar haciendo realidad una hermosa ilusión que parecía imposible que llegásemos a realizar.

 

2.       Enfrentarnos a un nuevo reto: Poco después de empezar nuestra relación se convirtió en un auténtico lema colawhaler contestar a cada nueva sugerencia con un “me apunto”. Cada idea convertida en realidad daba pie a otra nueva y todos “nos apuntamos”. Y así se hicieron los primeros cruceros por el Mediterráneo o los cruceros por el Caribe y las Islas Seychelles, o las excursiones en bici (casi 30 colawhalers pedaleando por la sierra de Madrid), a Menorca o a bajar los rápidos del Noguera Pallares. Por eso cuando surgió la idea de cruzar el Atlántico todos nos apuntamos a un nuevo reto, el más difícil de todos (por el momento) y el que requiere una logística más compleja, pero por ello mismo: el más interesante, el más excitante, el RETO.

 

3.       Gozar de la amistad, conservarla y profundizarla: La experiencia de otros equipos que nos han precedido en viajes similares pone de manifiesto que las relaciones interpersonales suelen ser el mayor problema al que se enfrentan las tripulaciones, obligadas a convivir 24 horas diarias en un espacio muy reducido y en condiciones que pueden llegar a ser muy exigentes. La experiencia Colawhaler se ha caracterizado desde el primer momento por ser un experimento de amistad, por ello el principal deseo (quizá el principal temor) de toda la tripulación es conseguir que nuestra amistad se mantenga en todo caso y que, si es posible, el conocimiento mutuo que generará la convivencia sirva para hacer más profundos los vínculos que nos unen. Por ello todos hemos acabado concienciándonos de la conveniencia de generar mecanismos que nos permitiesen aumentar la probabilidad de tener éxito en este objetivo. Para lograrlo contábamos con la ayuda de otro Colawhaler, Chema Buceta, que nos a ayudado a establecer un programa de preparación para la Convivencia en el CAC02 que esperamos nos sea útil para conseguir nuestro propósito.

 

4.       Bucear en nosotros mismos: Todos hemos pasado de cuarenta años y algunos ven acercarse a gran velocidad los cincuenta. A esta edad hemos conseguido cumplir la mayor parte de los objetivos vitales de cualquier habitante de los países desarrollados: hemos constituido familias en las que las relaciones  afectivas son excelentes, nuestros hijos e hijas se desarrollan satisfactoriamente, hemos logrado un razonable éxito y reconocimiento profesional, y gozamos de posiciones económicas suficientemente desahogadas. Es un buen momento para plantearse dónde estamos y a dónde queremos ir en los próximos años. La inmensidad, la aparente monotonía y la infinita variabilidad del océano, las noches de guardia y los inevitables (y deseables) momentos de soledad nos darán la oportunidad de bucear en nosotros mismos para buscar respuestas. Nuestro comportamiento ante los distintos problemas que, sin duda surgirán y las conversaciones con los restantes miembros del equipo nos servirán para contrastar nuestros hallazgos y acercarnos a la realidad. Pase lo que pase estamos seguros de que el viaje nos ayudará a conocernos mejor.

 

5.       Cortar con nuestra vida cotidiana: La velocidad con la que vivimos nuestras vidas es, a veces agotadora. Para estar donde estamos y ser lo que somos hemos estado corriendo durante muchos años. Este viaje es una gran oportunidad para tomar un auténtico descanso, en el que el ruido de las batallas cotidianas no ensordezca los demás sonidos.

 

6.       Divertirnos: ¿Porqué no?

 

7.       El placer de la preparación: Lo imaginábamos al principio pero la realidad ha superado todas nuestras expectativas: ¡preparar el viaje está siendo una pasada! y no solo por las navegaciones de fin de semana o vacaciones, ni por las cenas y reuniones para discutir los temas pendientes, ni por las reuniones con Chema para prepararnos psicológicamente, ni por las ilusión de ir completando cada uno su tarea, ni por la diversión que significa hacer ésta página web, ni.... o quizá ... por todo ello. ¡Es tan hermoso realizar un sueño!

 

 

 

 

 

     

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Ultima actualización :  domingo, 07 noviembre 2004 11:54:28